Mi querida Kari,
Hay palabras que uno guarda para los días comunes, y hay palabras que uno guarda solo para ti. Esta carta es de esas segundas.
Desde que llegaste, hasta lo ordinario empezó a sentirse distinto: las mañanas, los silencios, las tardes de nada que contigo se volvieron de todo.
Todavía recuerdo esas tormentas que aguanté solo, cruzando con tal de llevarte una medicina o de robarme siquiera un momento para verte. Hoy, con los años cumplidos, sé que cada paso bajo la lluvia valió la pena: nos trajo hasta aquí.
No sé escribir la mitad de lo que siento, pero sé que cada día elijo quedarme, elijo quererte, elijo esta vida contigo.
Y aquel día que nos sellamos en el templo, el tiempo dejó de ser un límite. Elegimos la eternidad juntos, y la volvería a elegir cada una de las veces.
Gracias por ser mi lugar seguro, mi risa fácil, mi Kari. Gracias por hacerme mejor solo con estar cerca.
Ya cumplimos dos años de casados. No llegué con nada envuelto en las manos, lo sé, y aun así quise que este día tuviera algo tuyo: flores amarillas, como manda la costumbre, y todo esto que llevaba guardado para ti. Aprovechemos lo poco que se haciendo este tipo de cosas :')